El engaño de los niños rusos: una obra de arte resultó ser un dispositivo de espionaje

En 1945, un grupo de niños rusos entregó un regalo al Embajador estadounidense W. Averell Harriman en Moscú, como una muestra de amistad entre las dos naciones. La pieza de arte, el Gran Sello de los Estados Unidos hecho a mano y que parecía inocente, en realidad era un dispositivo de espionaje.

El Embajador estadounidense, conmovido por el gesto, aceptó y colocó la pieza en su oficina de la Spaso House, que era su residencia. Siete años después, los servicios de inteligencia descubrieron que en realidad era un dispositivo de escucha encubierto, que estaba equipado con una diminuta membrana conectada a una pequeña antena y juntas actuaban como un micrófono.

El incidente fue un ejemplo de cómo se estaba transformando la diplomacia internacional. Los Estados Unidos y la Unión Soviética estaban compitiendo por el poder y la influencia en todo el mundo, y el espionaje se había convertido en una herramienta esencial en su lucha por la supremacía.

Aunque la historia de los niños rusos y su engaño se ha vuelto legendaria, ha servido como recordatorio de que incluso los gestos de amistad más inocentes podrían ser utilizados para fines nefastos en el mundo del espionaje; a partir de este suceso los diplomáticos estadounidenses se volvieron más cautelosos y la seguridad en las Embajadas se reforzó.

FOTO: Fascinante https://twitter.com/fasc1nate

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